Economía

El contrato original de Aerodom: todo para mí, nada para ti

Los bemoles del contrato (Primera parte)

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Se ha desatado una nueva controversia sobre el contrato original de concesión de los aeropuertos estatales a Aerodom, después de que el presidente Abinader lo criticara duramente la semana pasada

El reciente anuncio de renovación de la concesión de los aeropuertos a Aeropuertos Dominicanos Siglo XXI (Aerodom) ha confirmado lo que era todo un secreto a voces: por el contrato vigente desde 1999, «el Estado no recibió ninguna remuneración», según el presidente Abinader, y, «como muchos de ustedes saben, no garantizaba las mejores condiciones en las infraestructuras de los aeropuertos». De las cifras envueltas en la anunciada renegociación de la concesión se desprende que se trata de un negocio muy lucrativo.

Hubo quien lo advirtió con contundencia hace veintitrés años, pero el Estado prefirió mirar hacia otro lado. El contubernio vuelve a ponerse de relieve por las palabras del presidente Abinader y la realidad constatable de las infraestructuras. Quien levantó la voz en aquel entonces fue el veterano abogado Jottin Cury Elías, quien participó en el proceso de licitación como miembro de un Comité de Observadores que, en la práctica, fue de adorno.

En una carta al Congreso, de la que se hicieron eco algunos medios de comunicación, denunció que estábamos ante «un contrato incalificable, elaborado con la intención de empobrecer el patrimonio de la Nación», que «provocaba náuseas, por leonino». También lo calificó como «una burla a los mejores intereses del país», al tiempo de lamentarse de que «los máximos directivos del proceso de licitación» obviaron sus desinteresadas advertencias para «limpiarlo de imposiciones inaceptables y abusivas» y «despojarlo de los errores y vergonzosas complacencias contractuales que lo minaban». Las veinte enmiendas que se hicieron en su paso por el Poder Legislativo no bastaron para eliminar algunos. Mucho menos, el espíritu con que fue concebido.

Privilegios fiscales

No es solo que el Estado no recibiera «ninguna remuneración», como señaló el presidente Luis Abinader. Las autoridades, mediante decreto presidencial 282, de 2002, concedieron a Aerodom el privilegio de que no se gravase fiscalmente ninguna operación económica en la que estuviera envuelta la concesionaria. Por un lado, se decretó la exoneración «de cualesquiera medidas de control y restricción, así como del pago de cargas impositivas, tasas, comisiones, recargos cambiarios u otras obligaciones de cualquier tipo o naturaleza, actualmente aplicables o que sean aplicables en el futuro», incluyendo «la transferencia al exterior de fondos entre cuentas de la Concesionaria o de cuentas de la Concesionaria a las entidades financieras y viceversa, extendiéndose tal exención a cualesquiera pagos o reembolsos que deba hacer o recibir Aeropuertos Dominicanos Siglo XXI, S.A., (a) o (de) instituciones Bancarias o Financieras».

Fuente  Diario  Libre

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